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Observando el Tiempo. Parte 5(final): Integrando los Ciclos PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Herael   
Miércoles 18 de Febrero de 2009 12:38

Como hemos visto a lo largo de esta serie de posts, los principales ciclos que seguimos para determinar el tiempo y nuestras actividades son el ciclo de la Luna y del Sol y con base en ellos se han realizado los calendarios de la historia de la humanidad. Actualmente utilizamos el ya muy conocido calendario gregoriano, que ha resultado funcional; sin embargo existen varios problemas en general con cualquier tipo de calendario, y este es que los ciclos no son coincidentes, es decir, son inexactos entre sí.

Si medimos en días completos de 24 horas las duraciones de los ciclos lunares y solares tendremos siempre que nos “sobran” fracciones de días. Si consideramos a un año trópico de 365 días, veremos que nos sobra alrededor de un cuarto de día para completar exactamente la traslación terrestre, es decir, alrededor de unas seis horas por año. Estas horas, al cabo de cuatro años forman un día entero más, de ahí nace el famoso año bisiesto, donde ese día “acumulado” es adicionado al año para mantener la correspondencia con el año trópico. En otras palabras, el problema de los calendarios solares es que medimos los ciclos de traslación solar en periodos de rotación, y por eso no coinciden de forma entera.

Ciclo Duración en horas
1 día 24
1 lunacion 708.72
1 año trópico 8765.812536

Aunque esta forma de ajustar el calendario ha funcionado de manera práctica, hay otros métodos para ajustar el año trópico, dos de ellos eran utilizados por los antiguos pueblos mesoamericanos. El primer método era iniciar el año no en el día, sino a la hora exacta, de esta manera el primer año comenzaría a medianoche, el siguiente año sería al amanecer, el siguiente año sería al mediodía, el siguiente al ocaso y por último de nuevo a la media noche; de esta manera en cuatro años se completaría el día adicional, y así se repetiría el ciclo sucesivamente  manteniendo la sincronía con el año trópico. Sin embargo a lo largo del tiempo, la pequeña diferencia de minutos “sobrantes” repercutía en un desajuste notorio, de ahí se ideo la llamada “atadura de años”. Esto consiste en ajustar periódicamente un día adicional dependiendo del signo regente de la era: cada cuatro años doce veces, los siguientes cuatro años solo tenían añadidura del día si coincidía con un periodo de 104 años acumulados, que era llamado una edad de vejez; sin embargo este día adicional tenía la excepción cuando el año nuevo coincidía con el inicio del calendario sagrado Tonalpohualli (o Tzolkin para los mayas), que ocurría una vez cada 520 años. En otras palabras, la atadura de años sería:

“12 veces cada 52 años, más 1 vez cada 104 años, más 1 vez cada 520 años”:

12/52  +  1/104  +  1/520 = 0.24230769…

Si hacemos un análisis similar para el ajuste gregoriano, tenemos que el año es bisiesto (se le agrega un día) si es divisible entre 4, excepto si este es divisible entre 100, pero esta exepción no aplica si es divisible entre 400; en otros términos el ajuste sería:

“1 vez cada cuatro años, menos 1 vez cada 100 años, más 1 vez cada 400 años”:

1/4  –  1/100  +  1/400 = 0.2425

En resumen, el año mexica promedio es de 365.24230769 días, mientras que el año gregoriano promedio es de 365.2425 días. Si el año trópico promedio es de 365.242189, tenemos entonces que el calendario gregoriano tiene un error de precisión de 0.000085% mientras que el calendario tolteca tiene un error de precisión de 0.000032%. En términos prácticos cualquiera de los dos calendarios es funcional, pero cuando el calendario gregoriano se instauró (en 1582), el calendario tolteca ya tenía varios cientos de años funcionando con mayor precisión que la lograda por los matemáticos de Salamanca.


• El inicio y el fin del círculo.

Cada año solar es un ciclo, cada Luna nueva es un ciclo, el círculo no tiene inicio ni final, siempre evoluciona constantemente. Sin embargo para efectos prácticos de medición del tiempo, habría que fijar un punto inicial para contar el número de ciclos. Muchas civilizaciones hacían coincidir este punto cero, con el equinoccio de primavera. Astronómicamente el punto cero de la línea eclíptica (línea imaginaria de la trayectoria aparente del sol) es precisamente cuando ocurre dicho equinoccio, y astrológicamente corresponde al punto cero de la constelación de Aries, que actualmente corresponde al punto entre los 1° y 2° de la constelación de Piscis. Otros pueblos iniciaban su año en el solsticio de verano o de invierno, y en otras posiciones determinadas del Sol, como a la mitad entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Algunos otros como los chinos utilizan una combinación luni-solar, donde el inicio del año está determinado por la segunda Luna nueva después del solsticio de invierno. El calendario gregoriano no tiene ninguna referencia astronómica para marcar el inicio de año, simplemente ocurre 11 o 12 días después del solsticio de invierno porque “ahí le toco”, esto debido a su origen “religioso”; aunque cabría recordar que esta basado en el calendario Juliano de los romanos, y que los nombres de algunos meses hacen referencia a dioses romanos como Janos o Marte, y que el primer mes de este calendario era “Martius” (actual marzo y mes dedicado al dios Marte), lo cual concordaba perfectamente con los nombres de los meses de Quintilis (mes quinto,  el nombre cambio en honor a Julio César a Julius), Sextilis (mes sexto,  el nombre cambio en honor a César Augusto a Augustus), Septembris (mes séptimo), Octobris (mes octavo), Novembris (mes noveno) y Decembris (mes décimo).

 

astrum_gen_otp5_1

Mapa estelar de la linea Ecliptica

Otra forma de medir el tiempo, es por ciclos lunares, pero como ya observamos, los ciclos lunares no coinciden con el ciclo solar de traslación, en un año trópico tenemos alrededor de 12.3 periodos sinódicos lunares; sin embargo algunos pueblos llevaban un calendario solar y uno lunar, algunos de estos con doce lunaciones y algunos otros con trece lunaciones.

Cada calendario y manera de medir el tiempo tiene su utilidad y uso específico, y cada uno atiende a un diferente aspecto del movimiento terrestre, ya sea con respecto al Sol; o al movimiento de la Luna con respecto a la Tierra, pero al final, lo que representamos y contamos son ciclos, como cíclico es el mismo tiempo, nuestros calendarios son solo reflejos de los grandes ciclos naturales que nos demuestran cómo es que el Universo funciona.

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